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Amor a los Clientes: Esmero vs. Perfección

Dime si esto te suena familiar. Estás abriendo un nuevo proyecto con un cliente y te encanta el tema. Te pones manos a la obra con mucho entusiasmo y te pones a investigar, bocetar, imaginar…Quieres que todo quede perfecto, así que te comprometes con el proyecto y cuidas hasta el más mínimo detalle. Sin darte cuenta, ha pasado mucho tiempo y tu vas muy retrasado, ¡pero todo está quedando hermoso! Quieres ver la sonrisa en la cara de tu cliente. Entonces… te trasnochas y entregas en la fecha pero con el cuerpo y el alma molidos o lamentablemente te retrasas en tu fecha de entrega.

¿Te suena? A mi sí, ¡¡Han sido muchos trasnochos!! 
Pero no tiene que ser, ni debe ser así.

Con el tiempo he ido comprendiendo que, si bien los clientes aprecian mi esmero, quizás a veces mi perfeccionismo se interpone un poco en la experiencia que quiero brindarles.

Me encanta centrarme hasta en el último detalle, pero ¿es la perfección realmente una meta alcanzable?

Comparto contigo algunas cosas que he ido anotando para recordar amar a mis clientes con un amor que no me quite el sueño y no les ponga nerviosos.

-Sé realista: Si el cliente quiere rapidez no vayas por la Mona Lisa.Hay muchas formas de comunicar y hay que buscar la apropiada para cada proyecto tomando en consideración lo que se quiere decir pero también el tiempo de ejecución real con el que se cuenta.

Si el cliente quiere la Mona Lisa (o el proyecto la pide a gritos) se sincero con el tiempo y tantea su disposición de esperar un poco más por un resultado que tomará más desarrollo. Al final de cuentas los clientes apreciarán tu honestidad (y si no lo hacen no necesariamente sea un negocio conveniente).

Apunta a hacer piezas óptimas ajustadas a los objetivos y necesidades de tu cliente:Cada pieza, investigación, trabajo tiene un por qué. Hay que trazar primero ese norte y luego todo lo demás encajará naturalmente. El esmero se demuestra en los acabados pero también en los procesos e interacciones y en el cuidado que tengamos de las necesidades del cliente.

-Establece metas de tiempo para cada parte del proceso: Desde niña estuve acostumbrada a cumplir con las entregas finales. Pero establecerme tiempos límites para los procesos intermedios fue más difícil de implementar. Sin embargo es en realidad de gran ayuda. Claro que no hay 2 proyectos iguales y siempre hay que personalizar un poco cada uno, pero establecer tiempos intermedios (realistas, unos que estés dispuesto a respetar) constituyen un reto a cumplir que además hace posible que las otras etapas del proceso sean tratadas con el mismo respeto que merecen (más aún si el trabajo de alguien viene después del tuyo). 

-Diviértete sin salir de los tiempos estipulados y prémiate:  La fase de comenzar es hermosa. Si el proyecto es musical, escucho la música de mi cliente, si es audiovisual miro referencias. Si requiere que lea y estudie, lo hago con gusto… Pero debo recordar no quedarme entretenida en esa etapa. Si luego de delimitar mis tiempos intermedios para esto, me estresan las horas de entrega o no viene la musa, intento hacer algo que me ayude a aliviarme y tratar de pensar de nuevo de mejor humor. En mi caso un dulce de media tarde puede hacer que cambie mi perspectiva de lo que estoy haciendo totalmente ;).

*créditos por esto al @eldanielguerra y Freddy Mejía que llegan de pronto con tequeños o helados inesperados.

Afinar los procesos puede ser algo contínuo cuyos resultados no se ven de la noche a la mañana, pero se traduce en mejor calidad de entrega, interacción y bienestar para uno mismo: Amar al cliente (en procesos y resultados) y amarte a ti mismo.

Eliana Urdaneta.
Dirección Creativa – Marketing del Bueno.

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